Un pedacito de ustedes.
Si tuviéramos que imaginarnos a cada persona como el resultado de la preparación de una poción, ella tendría grandes cantidades de revolución, un poquito de orden, sensibilidad y lealtad, y otro poquito de arte con una pizca de autoexigencia —de esa que te hace aspirar siempre a ser mejor—.
¿Y él? Grandes cantidades de diversión, un poquito de compañerismo, entrega y constancia, y otro poquito de pasión con una pizca enorme de emoción.
¿Y juntos? Juntos se sacan su mejor versión. Pero no solo hoy, también lo hicieron hace un año, hace tres, hace cinco y así casi diez.
¿Hay algo más lindo que ser testigo de un amor que fue atravesado por el paso del tiempo? Pongo mi firma, con nombre y apellido, a un no. Porque no es solo registrarlo, es observarlo con detalle, es sentirlo en el cuerpo, es empaparme a tal punto que un pedacito de ustedes siempre va a quedar en mí.
Ella entraba con una sonrisa casi nerviosa y pícara a la vez. Su alma de princesa soñaba con este momento desde hace mucho, mucho tiempo. Quizás no estaba sucediendo como lo deseaba, quizás caminar sola no era su anhelo, pero del otro lado no estaba solo el amor de su vida mirándola, también un papá que con mucho esfuerzo estaba ahí, esperándola también, caminando a su lado con el alma.
El vestido volaba apenas.
Le pegaba la luz del atardecer.
Miraba de un lado al otro, buscando grabar ese momento tal cual es.
Él estaba detrás mío, y si bien registrarlo no era mi rol, podía sentir la expansión de su emoción respirándome en la nuca. Se sentían su llanto, su risa y su respiración a la vez.
Las entradas suelen ser el momento donde más adrenalina y emoción siento como fotógrafa. Porque no es solo un momento donde los protagonistas son dos. Es el momento donde cada persona presente emana un perfume cargado de diferentes aristas de emocionalidad.
Alegría.
Llanto.
Orgullo.
Cariño.
Pasión.
Nostalgia.
Deseo.
Tantas cosas se desprenden. De tantos colores brilla esa gente.
Y ahí estaba ella, entrando en una caminata extensa, sola pero a la vez acompañada de todo el amor de los que estaban a mi alrededor. Y ahí estaba él, esperándola mientras desbordaba de emoción. Porque si bien la princesa era ella, él era el príncipe que también soñaba con ese momento, esa acción.
Disparo. Latido. Disparo. Latido.
Mis ojos apuntaban hacia adelante, pero mi corazón y mis sentidos estaban haciendo un giro de 360 grados. Podía sentirlo todo. Los murmullos. Los quiebres. Los piropos.
No era solo verla entrar. Era sentir cómo el aire cambiaba cuando ella avanzaba. Y cómo él se entregaba sin filtro a tal llegada.
Mas cerquita. Casi casi.
Primero se tocan las manos.
Luego se abrazar, de esos abrazos que ojalá duren una eternidad, de esos que merecen repetirse en loop.
Disparo. Latido. Disparo. Latido.
Emoción.
Me cae la primer lágrima.
“Esta ceremonia voy a llorar un montón” Pensé.
Y así fue.
Desbordar de emociones.
Ese fue el pedacito de ustedes que me quedó en el corazón.
Relato de la entrada de Agus & Alexis, enero 2026.
