La boda comenzó en la imponente Catedral de Plasencia, un escenario cargado de historia y majestuosidad, donde las piedras centenarias fueron testigo de un “sí” que unió no solo a dos personas, sino también a dos culturas: la española y la francesa.
Tras la ceremonia, el día continuó en el corazón del campo extremeño. Una locación rodeada de naturaleza, bañada por la luz del mediodía, ofreció el marco perfecto para una celebración vibrante, cercana y llena de detalles auténticos.
En esta ocasión tuve la oportunidad de acompañar a The Nomads Storytellers, lo que me permitió cubrir también los preparativos del novio y enriquecer la narración con una mirada complementaria.
El contraste entre la solemnidad de la catedral y la calidez de la fiesta campestre reflejó a la perfección la esencia de esta boda: una unión de raíces y tradiciones, vivida con alegría y elegancia en cada instante.
