Un día me llegó un mail de Lauri, pidiendo prespuesto para acompañar a su ahijada en su fiesta de quince años. Para los que me conocen, saben que las fiestas de quince años que tomo durante el año son contadas con los dedos de una mano. A las semanas, me encontré tomando una birra con Lauri, para que me contara lo importante que era para Cande para ella y su historia. A los meses, tuve el primer encuentro con esta niña tan querida. Me acuerdo haber llegado al café, y sentarme entre Cande y su mamá, y del otro lado, Lauri. Cande respondía tímidamente mis preguntas, a veces sólo moviendo la cabeza. Me fui de ahí con el desafío de sacarle muchas sonrisas y gestos propios de ella. Y llegó el día tan esperado, el de la sesión. Ella se soltó frente a la cámara y simplemente fue, enamorando con su mirada y sus movimientos delicados. Una pequeña que pudo vencer su miedo en una etapa tan linda como la adolescencia.